Tradición centenaria en remates
Un hecho que caracteriza al Uruguay y particularmente a Montevideo, es la existencia de una verdadera “cultura del remate”, que no es frecuente encontrar en otros países de la región. De manera democrática coexisten en oferta y bajo un mismo techo todos los rubros inimaginables. Desde un conjunto de chapas para techo, con las marcas que dejan el tiempo y el uso en su superficie, hasta un cuadro con valor de centenares de miles de dólares. Para todo hay interesados, ya sea en una actividad de reciclado o por el surgimiento de una creciente generación de coleccionistas.
Y esta tradición se remonta a los albores de su nacimiento como país independiente. Ya en 1838 se siembra la semilla de lo que, con el correr de los siglos, serán las bases de la moderna actividad subastadora que florece en Montevideo. En sus inicios, la profesión de martillero recorre el mismo camino que se experimentó en todas las latitudes. Fue el mecanismo de comercialización que sirvió de intermediario entre la oferta y la demanda de productos primarios provenientes de la importación, incluso aún en las bodegas de los barcos, hasta la creación de los mercados con que se alimentó la exportación.
Por ello no resulta sorprendente que una de las primeras subastas conducidas por uno de los precursores de esa simiente, Rafael Ruano, tuviera por destino la venta de un cargamento de arroz de un bergantín norteamericano. A partir de allí una sucesión de alianzas y bifurcaciones van trazando el mapa genealógico que vincula a esta actividad con importantes generaciones empresarias.
Luego de la la conducción de Ruano se integra como futuros sucesores a: Enrique Gomensoro Ruano y Jaime Castells Carafí. Con el fallecimiento de Enrique, en 1938, se incorporan sus hijos Enrique y Haroldo Gomensoro Cabezudo y Horacio Castells Eastman (1918) y posteriormente, en 1961, Horacio Castells Montes. De esta manera continúa la actividad de Gomensoro & Castells hasta 1992, año en que ambas empresas se independizan.
Castells & Castells, una nueva etapa.
Este hecho da nacimiento a Castells & Castells, que cuenta en su patrimonio con una tradición acumulada a través de más de un siglo de experiencia en las subastas.
Por este motivo, la sólida figura de Horacio Castells Eastman se hace cargo de la conducción de la nueva empresa a los 74 años, y con 55 como martillero, en su sede actual de Galicia 1069.
Cuenta para ello con el aporte de su hijo Horacio, con toda la genética de martillero que sumado a su personalidad, lo han transformado en una figura destacada en las subastas. Por su temperamento, no le saca el cuerpo a ninguna actividad: deportiva, agropecuaria, criador (caballos Criollos y ovinos Southdown) y fue presidente de la Cámara de Comercio y Servicios del Uruguay y del Centro de Conciliación y Arbitraje.
Sin duda el rubro al que Horacio (1943) marcó con su sello es el de las subastas de arte. Especialmente las de pintura uruguaya y dentro de ella: Joaquín Torres García y su Taller. La creación inédita de este rubro, con subastas independientes, trasciende su objetivo meramente comercial. Así estas subastas constituyen verdaderas arengas públicas al subrayar la importancia de los creadores uruguayos y su orgullo por el reconocimiento de museos y coleccionistas que valorizan intelectual y económicamente cada vez más los méritos plásticos de estos artistas.
No por ello Castells & Castells descuida la decena de rubros que remata cotidianamente en su tradicional esquina de 6.500 metros cuadrados, y que cuenta con una dotación de casi medio centenar de colaboradores.
Siguiendo con la tradición, se han incorporado, para ir instrumentando el futuro relevo, el martillo de Juan Castells Pérez (1972), María Castells Pereyra (1971) y Andrés Castells Pereyra (1975).
* Basado en nota publicada en la revista especializada "Trastienda" (Año 19, Nº 72, Enero 2004).
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